La última exposición personal de William Osorio, “Only Silence Hears” (Solo el silencio escucha), en LnS Gallery, en Miami, nos propone una mirada introspectiva. Detrás de las coloridas y alegres imágenes se esconde una reflexión profunda acerca de la brevedad de la vida, la fugacidad del tiempo y la importancia de vivir el presente.
Las obras son de mediano y gran formato, y están hechas con una técnica mixta en las que mezcla elementos de la pintura con otros propios de textiles más cercanos a las artes populares. Desde hace algunos años, varios artistas han recurrido a métodos artesanales y a otros más identificados con el arte popular para hacer sus obras. Muchos han incorporado procesos asociados al trabajo textil como el tejido y el bordado. Osorio, insertándose en esta corriente, recurre a algunos tradicionalmente asociados a procesos artesanales, como las alfombras hechas a mano. Su proceso de creación incluye trazar una silueta de la composición en la tela, recortarla al tamaño necesario, coserla a la alfombra, y luego pintar. Según el artista, el recurso del uso de la alfombra le brinda una conexión a su infancia, ya que la textura le recuerda la sensación de confort que le producía acostarse sobre la yerba.
-AN121-kin.jpg?w=1600&f=webp&q=75)
William Osorio. La danza de la razón, 2023. Óleo sobre lienzo cosido a mano sobre alfombra. 365.8 x 460.4 cm (144 1/64 x 181 17/64 pulgadas
Varias piezas en la exposición muestran referencias a obras clásicas dentro de la historia del arte occidental que Osorio reinterpreta y adapta trayéndolas a un contexto contemporáneo. Este recurso de las apropiaciones ha sido ampliamente utilizado, sobre todo, por los artistas de la postmodernidad, incluyendo en sus trabajos referencias de forma explícita o implícita a obras y movimientos anteriores. En estas piezas de Osorio se aprecia que ha seleccionado como referentes obras de diferentes épocas en las que se reflejan el placer y el ocio como partes intrínsecas de la condición humana.
La pieza principal de la muestra, ubicada en la pared más visible del espacio, es La danza de la razón (2023). La composición de gran formato muestra un grupo de cuatro mujeres con vestidos idénticos amarillo y naranja con óvalos blancos flotando en el viento. Están danzando juntas, pero a la vez separadas, cada una inmersa en su mundo interior. Forman una especie de círculo, moviéndose con una cadencia que semeja un ritual. Algunas tienen los ojos cerrados, abriendo sus sentidos solamente a la actividad del baile. Son parecidas en las siluetas, el color de la piel y del pelo, por lo que se puede deducir que pueden ser familiares. Están en medio de un paisaje atemporal y sin elementos que lo pueden identificar como de un lugar específico. La composición y el tema nos recuerdan la famosa pintura La Danse (La danza, 1910), de Henri Matisse (1869-1954), en la que toda la atención está enfocada en ese baile, igualmente emplazada en un espacio atemporal e imposible de identificar.
Otras obras como Volver a la tierra II nos recuerdan elementos de la conocida pintura Le Déjeuner sur l’herbe (El almuerzo sobre la hierba, 1863) de Edouard Manet (1832-1883). Aunque hay una clara intención de cita de esta obra, el artista la trae a la actualidad a través de los personajes: un hombre y una mujer vestidos con atuendos contemporáneos. Al igual que la obra anterior, no está interesado en hablar de un contexto o de un lugar específico, sino sobre el disfrute de un momento determinado, en este caso, la intimidad entre dos personas.
Al no situar las imágenes en un contexto específico, Osorio nos habla de su identidad como ser humano más allá del tema de la nacionalidad, enfatizando en los puntos comunes entre todos. Cada obra aborda una temática relacionada con el placer, como pueden ser el descanso, el baile, o simplemente la contemplación. Estas acciones podrían interpretarse por algunos como “perder el tiempo”; sin embargo, son partes esenciales de la vida. Son ejemplos del manido proverbio de “detenerse a oler las rosas”, a entender la brevedad de la existencia más allá de su connotación filosófica. Y eso es precisamente lo que el artista quiere resaltar, esa pausa necesaria ilustrada a través de una perspectiva hedonística. Además de esto, puede interpretarse como una revisión de la vida, como ese momento en el que todos repasamos lo que hemos hecho y lo que falta, los logros y los arrepentimientos.
En estos tiempos postpandémicos, en los que el mundo trata de recuperarse y en los que aún siguen sucediendo múltiples eventos políticos y sociales catastróficos, nos recuerda buscar el tiempo para disfrutar de los pequeños placeres de la vida. En una sociedad como la contemporánea, polarizada y obsesionada con la idea del éxito económico y profesional, Osorio nos invita a detenernos, observar y apreciar.
IRINA LEYVA