Exposición Individual31 de enero de 2026· Por Marina Urbach

Gabriel Orozco

Hace poco el MoMA organizó una exposición de obras recientes del artista mexicano Gabriel Orozco curada por Lynn Zelevinsky como parte de la serie Proyectos.

La exposición contenía obras de los tres últimos años que incluían objetos escultóricos instalados en los tres niveles del Garden Hall, así como en el Jardín de Escultura del Museo. Varias fotografías documentan piezas efímeras, de objetos encontrados y yuxtaposiciones inesperadas que sostienen un diálogo con objetos esculturales. Estos objetos se abren en un eco fragmentado interactuando y pulsando en una “geografía del tiempo”. Así se descubre y se esconde la relación de un objeto determinado con su exterior y sus efectos referenciales. Orozco se compromete con un doble gesto: aislando para luego proteger/encubrir.

En cierta forma esta exposición fue concebida como una sola obra. Algunas piezas se instalaron en lugares secretos, incluyendo el exterior de la estructura del Museo, revelando así una totalidad fragmentada.

El trabajo de Orozco es articulado o es diferido según una red compleja. Una resonancia entre objetos con sus gestos evocadores da eco a su articulación y a sus entornos.

En el segundo piso, Naturaleza recuperada alude al Balzac de Rodin exhibido en el Jardín de Escultura del MoMA. Como también lo hace Home Run: una obra de naranjas situadas en algunas ventanas de los edificios al frente del Jardín de Escultura.

La línea curva de Hamaca colgando entre dos rascacielos, instalada entre dos árboles en el Jardín de Escultura, alude a la noción de tono de marcar (Dial Tone), que consiste en fragmentos de tres rollos de páginas de libros de teléfonos de Nueva York, México DF y Monterrey instalados en el área que separa las escaleras mecánicas entre los pisos del Museo. No es posible leer los nombres y los números al subir las escaleras. Hay una ruptura de tiempo escondiendo lo que revela, guardando su propio significado. Es un territorio de tiempo y espacio en donde los objetos de Orozco se han repartido e inscrito en un eco fragmentado de imágenes táctiles y visuales. ¿Acaso la práctica lingüística es la última conexión con la naturaleza? El trabajo de Orozco está firmado por una firma que no es firma, es el sello de lo no sellado.

Traducción de Andrés Salgado.

MARINA URBACH

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