Adrián Villar Rojas (1980, Rosario, Santa Fe, Argentina) se caracteriza por realizar una
producción de dimensiones gigantescas, tan monumentales como la problemática que aborda.
El origen del universo, cargado de criaturas primigenias, que nos hablan de apocalipsis, de
transmutaciones, de muerte, espacios en los que parecen coexistir ese mundo que remite a un
pasado muy lejano, con máquinas y complejos artefactos que aparentan aludir a civilizaciones
futuras, pero expresadas como ruinas de ese mundo que vendrá. La teoría de universos
paralelos, que ponen a entenderse con el nuestro otros mundos alternativos, generan unas
complejas especulaciones visuales que están cruzadas por una heterogeneidad de referentes
culturales. Ciencia ficción y mundo natural se entremezclan para engendrar visiones
anacrónicas en la construcción de esos mundos paralelos.
Los materiales con que trabaja, ladrillo, barro, fino polvo de arcilla, constituyen para el artista
elementos que no solo son contenedores de tiempo, sino que poseen una ductilidad que le
permite abordar las formas más diversas. Sus instalaciones site-specific refuerzan su interés
por pensar cómo serán reelaborados los residuos de la cultura que el hombre ha construido y
con esos materiales construye figuras y formas en la escala en que habitualmente se piensan
los monumentos. Y, como el artista afirmara en referencia a su obra para la Bienal de Venecia
en 2011, “construyo monumentos porque no estoy listo para perder nada”, pero es una
monumentalidad temporal, el material con que las elabora hace que, como muchos de los
animales y arquitecturas representadas, terminen desapareciendo.
A sus 33 años Villar Rojas nos propone en sus diversas muestras –presentadas en lugares tan
emblemáticos como el MoMA PS1, la Serpentine Sacker Gallery y en la Documenta 13– una
mirada cuestionadora de nuestra percepción cotidiana del mundo que nos rodea, proyectando
con sus monumentales universos otros sentidos a la noción de temporalidad.
IVONNE PINI