Glenda León (La Habana,1976) demuestra una especial sensibilidad hacia lo cotidiano, desglosando objetos conocidos y
buscándoles sentido en lo que ella denomina
“el intersticio entre lo visible y lo invisible, el sonido y el silencio, lo efímero y lo eterno”.
Su trabajo reflexiona en torno a la situación del individuo contemporáneo y el contexto en que está inmerso, buscando subvertir
la realidad mediante la manipulación de elementos de su entorno, rescatando el valor de las pequeñas cosas cotidianas que
nos rodean y que con tanta frecuencia perdemos de vista.
En esa invitación a volver a mirar la realidad nos descubre el imaginario poético que está contenido en los mínimos detalles, de allí el
valor que adquieren los pinceles, las máquinas de escribir, las nubes, las flores, proponiendo otros caminos para recorrer y descubrir
la cotidianidad. Sus obras logran activar la imaginación de quien las observa ya que permiten liberarnos de la rutina, buscándole un
sentido activo a las pequeñas cosas. La exhortación de la artista a re-visitar la naturaleza la argumenta en el hecho de que, al
desconectarnos de ella, nos estamos desconectando de nosotros mismos.
Como lo manifiesta en diversas entrevistas el arte despierta la posibilidad de ir más atentos por el mundo a la vez que nos
eleva tanto espiritual como mentalmente y permite que sean conciliables las preocupaciones sociales y políticas con una
profunda carga poética que hace posible enriquecer la imagen que construimos de la realidad. Sosteniendo que: “Como la
magia, el arte es un acto de transformación, que en ocasiones se traduce en un simple hacer coincidir”.
La obra que ocupa la portada de Art Nexus, Tiempo perdido, constituida por una gran montaña de arena rematada por medio
reloj, busca, citando a la artista: “hacer referencia no solo al tiempo que perdemos en el mundo, por ejemplo con las guerras,
sino al que empleamos personalmente en hacer cosas que no nos gustan”.
IVONNE PINI