Elías Crespín (Caracas, 1965) propone con sus proyectos un diálogo entre conocimiento matemático y representación. Las ondulaciones, las líneas que se entrecruzan y forman otras figuras geométricas, tienen un poder hipnótico sobre el espectador, que termina construyendo con su observación la obra que se desplaza frente a su mirada.
Su formación de ingeniero constituye una herramienta clave, pues le permite combinar sus conocimientos técnicos con su trabajo visual.
En diversas entrevistas sostiene que en la construcción de su propuesta operaron dos elementos que incentivaron su reflexión. Por una parte, su “giro hacia el arte” surgió cuando estaba observando una obra de Jesús Rafael Soto, un cubo virtual, e imaginó ese espacio tridimensional en movimiento. Lo asoció a los programas de graficación 3D y pensó que mediante ellos la obra podría modularse, cambiar. Y a partir de esa inquietud asumió que “si una impresora es comandada por una computadora para que mueva sus partes, entonces debe ser posible crear un programa que logre mover a voluntad lo que uno quiera. Probé con muchos motores, y conseguí moverlos al mismo tiempo”*.
Después de varios años de trabajo logró darles movimiento, poner a bailar formas geométricas que juegan libremente en el espacio, construyendo una peculiar coreografía que no deja de sorprender a quien la observa. Pintar el aire parece ser su consigna, pues sus obras vuelven a dibujarse cada vez que se las percibe. Se van creando y recreando ante los fascinados ojos del espectador.
IVONNE PINI
* Dubreaska Falcón, Diario El Universal, Caracas, 23 de noviembre de 2009.