Beth Moyses (São Paulo, 1960) se plantea a lo largo de su obra poner en evidencia el drama social que implica la violencia de género. Valiéndose de recursos diversos como fotografía, dibujos, videos, acciones performáticas, va construyendo una propuesta de gran sutileza en la que involucra elementos que aluden a la simbología de lo femenino, y desde una perspectiva plena de dramática poesía presenta la situación de violencia doméstica a la que la mujer es tantas veces sometida.
En esa construcción desde lo femenino, inicialmente fue la referencia a las velas, las rosas, el vestido de novia, insinuando el engañoso ideal del amor romántico, que a su juicio constituye un modelo ilusorio y una de las causas centrales de las agresiones no sólo físicas sino psicológicas hacia la mujer, considerada como una posesión.
En sus intervenciones en diversos países ha contado con la participación y el apoyo de instituciones y grupos de mujeres que pasaron por tales dramas personales, logrando exceder la frontera privada para evidenciar el carácter colectivo del problema. Aspecto especialmente significativo en su obra, ya que relaciona situaciones íntimas de trauma con las vivencias de las miles de mujeres que padecen tales atropellos. Su capacidad de relacionar el mundo privado con el carácter colectivo del hecho denunciado, le permite explorar, tanto en sus acciones compartidas como en sus sutiles objetos femeninos, la dureza de la situación, sin que ello implique despojar su trabajo de un refinamiento estético que conmueve y les da visibilidad a cientos de personajes anónimos.
La obra de la portada, Desatar tiempos, fue una performance presentada en la ciudad de Cartagena, en la que participaron veinte mujeres cartageneras que habían vivido la experiencia de la violencia de género. El grupo caminaba al ritmo de los sonidos de un tambor, entrelazadas sus figuras por la blanca vestimenta. Poco a poco cada una iba desatando sus brazos de las otras, intentando sacar el dolor causado por el maltrato. La acción permite una doble lectura: por una parte, las mujeres se unen y luchan en una causa que les es común, a la par que todas ellas están amarradas al dolor que les produce la experiencia de una historia común.
IVONNE PINI